Hace décadas que no escribo, mas bien meses, pero no pasa nada, ni aquí, ni es problema pues nadie se conectó, ni siquiera por casualidad.
1 de Febrero, llegamos a Copenhague, Gabriela y Carlos, día nada apacible, a nuestra pequeña casita, en las afueras, poco había en el humilde hogar, nosotros debíamos darle vida y color y con malos humos nada funcionaba, así que cambié, continuamente cambiando pasándolo bien y mal. Por culpa del frío, de una sombría escuela, de inactividad laboral. El amor consiguió descongelar el frigorífico que hacía un ruido siberiano.
Fotos caseras
Comimos buen pollo, hicimos de aquella posada un punto de retorno de nuestras excursiones. Gabriela y Carlos, imparables dedicaban el “weekend” para visitar Cph, evitando fiestas Erasmus o evitando caer enfermos o desvanecernos en la bicicleta, dos ruedas que dan vueltas todavía. Actividades: museos, edificios de arquitectura de calidad, paseos a la orilla de grandes lagos, cafés, bares, discotecas, restaurantes, vibrante ciudad que nos invita de continuo a abandonar esa morada alejada pero conectada por raíles y pasiones de ruedas. Hemos ido a playas, a parques, a ciudades contiguas, a puertos y antes de seguir dejo el rastro con unas fotos. Para entonces era Abril, Marzo y trabajábamos duro, yo en el proyecto y ella trabajando en el estudio Novel.
Vida y visitas
Aquí, con la agradable cámara de G. he desarrollado pasión por fotografiar esculturas, increíbles a mis ojos los cuales le transmiten a mi cerebro que han de fotografiar esto o aquello para más tarde regodearme en su belleza, aún sabiendo que son píxeles y pueden desaparecer con un click.
Es una ciudad de esculturas, yo mismo si me quedo bien quieto soy una posible figura de cera.
Empecé en la Glyptotec y sigo en ello, figuras que nunca había visto en esas posiciones y la particularidad de tomarlas una o dos veces, elegir la foto buena y publicarla…es tan raro.
Esculturas
Un día como hoy, viernes noche, en casa, escribo relatando mis días pasados en tan grata compañía; para mi es algo pendiente dejar puesto a buen recaudo mis experiencias…en forma de imagen.
El motivo del traslado a Cph fue terminar la carrera, Proyecto fin de carrera de Arquitectura Técnica (que ni es arquitectura ni es ná), el cual, he terminado y sacado un 7, una nota que no entiendo muy bien pues el sistema europeo me deja perplejo (existe el 12). En este tiempo, desde Febrero he visto muchas cosas por Cph y alrededores(esta ciudad esta bien repleta de buena y re-diseñada arquitectura), para demostrarlo dejo el rastro con imágenes, fotografías de nuestras idas y venidas por la ciudad en busca de lo más florido.
Arquitectura
No todos los días eran salidas de placer, otros eran quedarse en casa trabajando en el proyecto o cocinando o trasteando en el ordenador. Esos primeros meses, en Emdrup, vivíamos en un apartamento tranquilo con buenas vistas al jardín y sol, este pertenecía a una Residencia, no teníamos Internet, tampoco lavadora-lavaplatos y puedes imaginarme una noche (a las 4 de la tarde) con tres o cuatro quilos de ropa, el frío, el viento o una agradable temperatura…camino del cuarto de lavadoras, con el suavizante entre calcetines y bra…
Solo en casa, en la mañana, gritaba desesperado al ordenador; un aparejador no es un arquitecto y soliviantado también gritaba a mi maestra cuando volvía del trabajo; soy mal alumno. Entonces me mandaban a paseo o la mierda y humildemente seguía trabajando, hacía frío ahí fuera. Chocando contra los metros cuadrados. Finalmente las líneas con gran ayuda se unieron y dejé de gritar.
Tras una primera entrega en la que mis inútiles profesores, no acertaron a decirme que estaba bien ni mal ni cual proyecto era mejor ni peor, seguí adelante con mi casita-edificio; siguiente paso, convencer a mis dos oponentes de que la mía era la única opción. Tras tan surrealística tarea, acometí la segunda fase, encargar que trabajasen en ella (no sin cierto miedo) mientras yo terminaba las plantas, los detalles y ponía a Javi a trabajar en el 3d-render .
Segunda entrega, enseñar el proyecto otra vez a los mismos prodigiosos profesores. Esta vez la cagué, pues hablé demasiado (solo tenia 3 minutos y hablé 10) y conseguí las amenazas de un gran danés. Tras esto, me encargue de que el otro proyecto, una rehabilitación de una torre, quedase bonito y habiendo aprendido un poco de 3D-max acometí la tarea de los “renders”… pongo mi proyecto y la torre en imágenes.
Esa casa (30 metros cuadrados) me enseñó a estar a gusto en cualquier casa a pesar de buscar deliberadamente otra que habitar. En cuanto pudimos la abandonamos en un taxi cargado de ilusión rumbo al centro, a una calle agradable, Rantzausgade, un barrio divertido, Norrebro, con cementerio-parque y cerca de todo. El periodo de validez del hogar actual es del 1 de mayo al 30 de septiembre. Hemos de buscar algo, pero hoy no.
Ahora escribo en mi salón, ordenador portátil, copita de bourbon y música variada, el ruido de la calle, conversando con Gabriela por messenger, todo en orden aunque un poco aburrido… me he puesto a hacer arroz con pollo y verduras al estilo Macarena. Porque no todo va a ser leer tirado, mirar por la ventana o correr o ir al bosque y estar rodeado de ciervos.
Esta casa me enseña que los metros cuadrados sobran (70) y dan más que limpiar, ordenar y soñar. Paredes donde colgar pero mejor es re-colocar, o tirar dardos de esos que se clavan en papel prensado. Pasa una semana y todo se acumula, no hace ningún daño ahí posado pero el límite nos llama y le damos una vuelta a toda la casa, también tengo esto en fotografías.
Escribo desde la lejanía, Madrid y el calor palpable, esperando a











